Se cuenta, que en cierta
ocasión el comentarista Mateo Henry andando por
la calle fue asaltado por unos maleantes que
pretendían quitarle el dinero, este para evitar
mayores problemas le dio todo lo que tenía, y
los asaltantes, dados por satisfechos se fueron
por donde habían llegado. Ya en su casa, Mateo
Henry, como acostumbraba, se sentó a escribir en
su diario lo que le había
ocurrido aquella tarde y no dudó en escribir
cuatro agradecimientos al Señor por aquel
altercado con los maleantes.
Primero,
dio gracias a Dios porque nunca antes
había sido robado. Segundo,
agradeció a Dios que no le robaron
mucho dinero. Tercero
dio gracias porque
aunque le robaron la cartera no le quitaron
la vida. Cuarto, dio
muchas gracias a Dios porque él había sido
el asaltado, no el asaltante.
Me impresiona esta historia
porque sinceramente no habría sido mi reacción
el sentarme y dar gracias a Dios, seguramente
hubiera estado todo el día acordándome de esos
maleantes y de la jugarreta que me habían hecho.
Hubiera deseado que El Señor les castigara por
aquello que me habían hecho, o en la cama por la
noche estaría pensando lo que tenía que haber
hecho en vez de darles la cartera. Pero el señor
Mateo Henry nos sorprende dando gracias a Dios
por algo que dudo que alguno de nosotros
pudiéramos pensar por un momento, que es digno
de agradecer a Dios, ¡Al contrario, sería algo
por lo que estar enfadados y enojados! Vemos en
la actitud de este hombre de Dios, que en su
corazón había una actitud de agradecimiento a
Dios muy cercana a la que Pablo nos dice que
debemos tener. El apóstol es el primero que nos
da el ejemplo de lo que es ser agradecidos a
Dios cuando en sus escritos lo encontramos mas
de veinticinco veces dando gracias a Dios por
algo, y no siempre eran cosas buenas. Sabemos
algunos de todos los problemas por los que pasó
Pablo y siempre le vemos en acción de gracias a
Dios. Pablo nos dice que no solamente hay que
dar gracias cuando nos pasen cosas buenas sino
en todo. Cuando en la primera carta a Timoteo,
Pablo está dándonos una serie de ordenanzas
incluye que demos "gracias en todo" (1 Timoteo
5:18) Todos sabemos que lo sencillo es ser
agradecidos en momentos buenos, es fácil ser
agradecido cuando nos dan un buen trozo de tarta
de chocolate o alguien hace algo grande por
nosotros, pero ¿somos capaces de dar gracias
cuando se nos cae el vaso de café que recién nos
habíamos servido, o metemos el pie en un charco?
Estos casos son absurdos, pero en cosas
realmente importantes de la vida ¿podemos
agradecer a Dios eso malo que nos pasa? Sabemos
que eso es la voluntad de Dios, que estemos
agradecidos en todo tiempo y por cada situación,
buena o mala (Efesios 5:20) Sabemos también que
cualquier cosa que pasa a un hijo de Dios
repercute para su bien (Romanos 8:28) porque
Dios está en control y nada se escapa de su
amorosa mano.
Al final tenemos que aplaudir
la actitud de Mateo Henry y darnos cuenta de que
esa es la actitud que Dios quiere que tengamos
en cada situación de la vida. Seamos agradecidos
a Dios porque podemos confiar en que El siempre
hace lo mejor para nosotros.
“Aunque la higuera no
florezca,
Ni en las vides
haya frutos,
Aunque falte el
producto del olivo,
Y los labrados no
den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas
en los corrales;
Con todo, yo
me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el
Dios de mi salvación.
Jehová el
Señor es mi fortaleza,
El cual hace mis
pies como de ciervas,
Y en mis alturas
me hace andar.”
Habacuc 3:19-17