"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía" Salmos 42:1

 
 

 



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PENSAMIENTO

Por J. N. Darby

 

Nuestro gozo no consiste solamente en el conocimiento de la salvación personal, porque la salvación no es el fin de nuestro gozo, aunque —bendito sea Dios— ella es nuestro punto de partida. No hay nada que pueda perder su valor a los ojos de un creyente cuando se considera la salvación en relación con la gloria de Cristo. Esto lo vemos manifestarse en el lecho de muerte del cristiano: Si Cristo fue su gozo, estará lleno de gozo al partir.

Cuando el alma está principalmente ocupada en la obra de Cristo, que le trajo salvación, tendrá paz porque conoce la salvación. Pero, si la persona de Cristo se convierte en el objeto de sus afectos y se mantiene ocupada con el Salvador, tiene interiormente una fuente constante de gozo al mismo tiempo que una paz firme; porque cuando Cristo es el objeto personal del alma, ésta posee un gozo continuo. En contraste, el solo hecho del conocimiento de la salvación no puede dárselo de tan gran manera, aunque sea de gran bendición.

Sí, Cristo es mi gozo. No estoy feliz simplemente porque soy salvo, sino que es el pensamiento de Aquel hacia quien voy lo que llenará de gozo mi alma. Es cierto que voy al cielo, pero lo que hace que el cielo sea el cielo para mí, es que Cristo mismo esté allí. Adonde voy hay alguien; estaré en el cielo con la persona que amé sobre la tierra.

Tomado de la revista "Creced" nº 6/2014.
Usado con permiso

PENSAMIENTO

Por W. Kelly

Hay muchas más enseñanzas que extraer de las Escrituras, de lo que podría parecer, a simple vista, con una lectura superficial. Lo que Dios dice, está revestido, de por sí, de un carácter infinito. No hemos agotado su Palabra por haber sacado un poco de aquí o de allá: ella es el pozo mismo, la fuente de la cual siempre brota la verdad. Cuanto más crecemos en el conocimiento de la verdad, tanto menos nos contentamos con lo que hemos alcanzado; y tanto más sentimos también cuánto tenemos que aprender todavía. Y esto no es para nada en nosotros una miserable presunción de palabras de humildad, sino el resultado del sentimiento real y profundo de nuestra completa insuficiencia en presencia de la grandeza y de la bondad de nuestro Dios que tomó a pobres gusanos como nosotros para colocamos en Su propia gloria. Tales son, en efecto, los maravillosos caminos de su gracia.

Tomado de la revista "Creced" nº 4/2013.
Usado con permiso