|
|
|
Estudio de
crecimiento para
niños y adolescentes

Iglesia Bautista
Emanuel de Elche

Nuevo Testamento

Ultimas Preguntas

Nuestro Pan Diario |
|
Abrazar la salvación en
Cristo
“¿Con qué me presentaré ante
el SEÑOR, y adoraré al
Dios Altísimo” ...“Oh
hombre, Él te ha declarado lo
que es bueno, y qué pide el SEÑOR de
ti: solamente hacer justicia, y amar
misericordia, y humillarte ante tu
Dios”
(Miqueas 6:6,8).
Dios tiene pleito
con su pueblo, y el Señor
le pregunta: “Pueblo mío, ¿qué
te he hecho o en qué te he molestado?”
(v.3). Ahora escuchamos la respuesta de
Israel. Podíamos decir que le devuelve
la pregunta diciendo: ¿con qué me
presentaré ante el Señor, y adoraré al
Dios Altísimo? A primera vista parece
una respuesta estupenda a la acusación
de Dios. Parece la respuesta de un
corazón arrepentido, como clamaban
en Pentecostés: ¿Qué haremos,
varones hermanos?
Pero en realidad
aquí no es así. Israel
quiere mercadear con el Señor. Por
eso dicen: Señor, dinos, pues, lo que
quieres tener. ¿Millares de carneros o
diez mil vasijas de aceite, y si esto no
es suficiente te daré mi primogénito,
el fruto de mis entrañas por el pecado
de mi alma? Israel tiene de todo de
sobra, para que Dios sea bondadoso con
ellos. El Señor sólo tiene que decir lo
que quiere tener, para hacerlo. Pero
Israel no implora la gracia. No le dan a
Dios la ofrenda de un corazón contrito
y humillado. Tampoco están afligidos
y avergonzados. Quieren hacer con
Yahweh como hacen con los ídolos. Estos
ídolos se
mostraban bondadosos con la
abundancia de ofrendas. Se compraban
sus favores. Así quiere Israel hacer con
su Dios. Incluso se atreven a hablar de
sacrificios cruentos de personas, los
cuales el Señor
detestaba. Parece bonito,
pero es una propuesta horrorosa y pagana.
Israel pretende redimir su pecado.
Eso también es un deseo de nuestro
corazón. Nosotros querríamos dar a
Dios: carneros, vasijas de aceite,
incluso el primogénito.
Pero hay una cosa que
sobre todo no queremos dar al Señor. No
queremos darle nuestro corazón. Ofrecer
ofrendas, sí, pero no romper con el
pecado. Probablemente hacerlo todo,
pero no dejamos ser salvos por gracia.
Buscamos contentar a Dios con carneros
y vasijas de aceite. Pero menospreciamos
la ofrenda de Dios, dada en el
Señor Jesucristo. No, en manera alguna
es adecuado lo que aquí propone Israel.
En el fondo es enemistad y, a pesar de
todo, quieren aferrarse a sus pecados.
Con eso también nos muestra hasta que
punto había desaparecido el conocimiento
de Dios en los días de Miqueas.
Sitúan a Dios en paralelo con los ídolos.
¡Cuánto se ha enturbiado el concepto de
Dios por el pecado!
El Señor no toma
en consideración la
pregunta de Israel. En silencio, el
Señor pasa de todas sus ofrendas. Israel
piensa: Tengo que hacer algo especial.
Cuanto más se desgarra el corazón, más
duele para dejarlo, y será más agradable
para Dios. Así llegan a la horrenda
propuesta de sacrificar a los niños.
Mientras tanto se aferran a sus pecados
favoritos. En el fondo quieren continuar
con su vida fuera de Dios.
El profeta en nombre de Dios debe decir
a Israel lo que el Señor en realidad
exige. El mensaje dice así: “Oh
hombre, Él te ha
declarado lo que es bueno, y lo
que pide el Señor de ti: hacer justicia,
y amar misericordia, y humillarte ante
tu Dios”. Escuchamos aquí la verdadera
conversión del hombre. Si Israel escucha
bien esta respuesta de Dios, por
esta palabra aprenderá a
reconocer su
miseria. Verán que nunca han hecho lo
recto delante de Dios y su prójimo. En
esta respuesta encontrarían su redención.
Amar misericordia aquí no se trata
solamente hacer bien al prójimo, sino
sobre todo amar la misericordia de Dios.
Abrazar la salvación en Cristo.
Quizás tú digas: pero esta no es una
respuesta a la pregunta de Israel. En
realidad esta es una verdadera respuesta
para Israel. Aquí Dios le enseña a
Israel, que la reconciliación no es obra
de Israel. De eso no se puede encargar
Israel y tampoco necesita encargarse
de ello. De eso se ha encargado Dios.
Él Mismo ha proporcionado un Cordero
para el holocausto. Nosotros jamás
podíamos traer una víctima expiatoria.
Eso tampoco nos lo exige Dios. Él nos
pide: hacer justicia, amar misericordia
y humillarte ante tu Dios. Esto quita de
nuestras manos todas nuestras víctimas
expiatorias. No necesitamos poseer nada
para la liberación de nuestra alma. Pues
Dios quiere mostrarnos, que Él Mismo se
ha preocupado de la reconciliación. Una
reconciliación tan completa, que ante
eso sólo nos corresponde una actitud, la
del publicano: “Oh Dios, sé propicio a
mi, pecador” (Lucas 18:13)
—C. Harinck
“En la
Calle Recta”
Año XL, Núm. 213,
Julio - Agosto 2008
|
|
|
|