"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía" Salmos 42:1

 
 

 



Estudio de
crecimiento para
niños y adolescentes


 

Nuevo Testamento


 

Ultimas Preguntas


 

Nuestro Pan Diario


Emisora Abiding Radio

 

SOLO BIBLIA

La Biblia es la base y fundamento de nuestra fe. Debemos aceptarla pues, en toda su integridad. Por ella, Dios nos habla y a nosotros nos toca más que obedecer sus órdenes. Es un legado que Dios nos ha hecho y que nosotros hemos de guardar con sumo cuidado, intacto, sin una mutilación. Nadie tiene autoridad para mutilarlo y ¡ay! del que lo haya hecho o lo hiciere. Oigamos lo que dice Dios a su pueblo Israel: "No añadiréis a la Palabra que Yo os mando, ni disminuiréis de ella". Deuteronomio 4:2. Y el Espíritu Santo amonesta a l final: "Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro, y si alguno quitare de las palabras que del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la Vida" (Ap. 22:18-19).

Para nosotros la voz de Dios, tiene más autoridad que la de los hombres, aún que estos se vistan de los distintivos más preciados, dentro de una jerarquía eclesiástica. Es por esto, que no nos merece crédito ni confianza, más que la Biblia por ser ésta la Palabra de Dios.

El haberse apartado de la ley de Dios para seguir mandamientos de hombres, es lo que ha traído la superstición y el error entre los hombres y por añadidura, la indiferencia y la incredulidad. Hoy como en tiempos de Josías rey de Israel, la Biblia está escondida y olvidada para una multitud de hombres, y nosotros los cristianos debemos sacarla a la luz, porque nos interesa que el mundo la estudie y la escudriñe, porque ella es la que da testimonio de Cristo y en ella encontramos la vida eterna. La palabra del hombre es hueca y vacía, sin poder ni eficacia para redargüir las almas; la Palabra de Dios es espada que penetra hasta lo más adentro del ser humano discerniendo sus pensamientos. Las palabras del Señor son espíritu de vida y éstas son las que conviene al hombre escuchar para alcanzar vida eterna.

Enseñemos la Biblia, prediquemos al Cristo de la Biblia, esgrimamos la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios y entonces venceremos en la lucha contra el pecado y ganaremos a los pecadores para Cristo.

Por último, oigamos lo que Jehová mandó a Josué cuando se encargó del mando del pueblo de Israel: "Cuida de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó, no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres". Nosotros como Josué nos dirigimos a Canaán, no a la terrenal sino a la celestial y a nuestro paso por este mundo, mientras dura nuestra peregrinación, invitamos a todos a venir con nosotros, pero al hacerlo, hagámoslo en el nombre del Señor y usando de Su Palabra.

Por. D. Antonio Sanchís, 1907 - 2001
Escrito en marzo de 1933